Santiago, un joven de 15 años, asistió a clases como comúnmente lo hacía; pero ese día el maestro de su última clase no asistió, así que salió temprano; llegando a su casa con una hora de anticipación a lo acostumbrado. Cuando llego a su casa le pareció extraño que la puerta principal estuviera abierta y sin seguro, entro en puntas para tratar de sorprender a cualquier posible intruso, recorrió los cuartos, revisó bajo las camas, checó en la cocina y verificó cada rincón del patio; parecía que todo estuviera en orden. Sólo una habitación le faltaba por revisar, el cuarto de sus padres, habitación que carecía de luz; la única ventana que tenía estaba cubierta con papel aluminio que impedía el paso de la ésta. Santiago tomó un cuchillo de la cocina y se aproximó a la recamara, realmente le atemorizaba entrar a esa habitación. La puerta estaba entreabierta, la lámpara del buró estaba encendida, fue entonces que notó la silueta de una persona sentada a la orilla de la cama. Tanto era el temor de Santiago que pronunció el nombre de cada uno de sus familiares y conocidos suyos, esperando que cualquiera de ellos respondiera a su llamado; no fue así, la silueta seguía inmóvil en el mismo lugar. Abrió totalmente la puerta, se aproximo a la silueta; fue entonces que reconoció a la persona, se trataba de su padre, el cual se encontraba en una especie de trance; sus ojos estaban en blanco, en la mano derecha tenia sujetada una jeringa y en la izquierda una cuchara con un extraño liquido. Santiago quitó la jeringa de la mano de su padre, fue entonces que él despertó, le dio un puñetazo en la cara y le dijo que no se metiera en lo que no le importaba. Santiago corrió Hacia el patio de su casa, caminó por más de dos horas reflexionando y pensando en lo acontecido. Regreso a su casa, eran cerca de las 6 de la tarde, vio por la ventana a sus dos hermanos y padres, estaban comiendo, se enojó mucho porque su padre estaba actuando como si nada pasara. Santiago subió al techo de su casa y dejó que pasara el tiempo, al anochecer, sus padres salieron a buscarlo pero él no cedió y continuó escondido.
Los problemas familiares, la escuela y la reciente imagen de su padre drogándose en su mente, llevaron al punto más alto de depresión a Santiago; el cuchillo que había tomado de la cocina anteriormente para prevenir un posible intruso aun lo llevaba consigo, en su bolsillo. Santiago tomó el cuchillo e hiso una incisión en su pierna derecha que le causó un dolor inmenso, comenzó a llorar pero trago sus gritos para que sus padres no lo escucharan, después hizo otra cortada en la pierna izquierda, él no quería que, de sobrevivir, la gente viera las cicatrices en sus muñecas, después se dejó rodar por el techo hasta caer al piso de su patio. El ruido que provocó al caer despertó a sus padres que deprisa lo llevaron al hospital.
Santiago no murió esa noche y aprendió, junto con su familia, una valiosa lección. Aprendió que cada vez que alguien de los miembros quiera cambiar algo o hacer que las cosas mejoren, aunque sea por un corto periodo de tiempo, tienen que llamar la atención de alguna forma. Eso lo entendió bien después de ver a su madre intentar suicidarse dos veces, de ver a su hermana inventarse una rara enfermedad que le provocaban unos falsos ataques de asma, de que a su hermano lo llevaran al psicólogo por no hablar con nadie en la escuela y orinar su cama por las noches teniendo ya 13 años.
Santiago aprendió muchas cosas…y sigue aprendiendo.
“Dedicado al Santiago que cada una de las personas lleva dentro, aquel que quiere llamar la atención para lograr un poco de cariño de las personas que más se aprecian y que parece ignoran nuestra existencia”
Qué triste :(
ResponderEliminarUn abrazo
Ame esta historia.
ResponderEliminarY mi Santiago interno tambien.
=)