Chespi fue encariñando a los niños, invitándolos a su casa, jugando con ellos al soccer, hasta que un buen día se le ocurrió sacar un juego de naipes y decidió enseñar, a sus tres jóvenes pupilos, el arte de las cartas. Los niños recibieron encantados el nuevo juego y cuando aprendieron las reglas y se hartaron de jugar sin ganar nada cometieron el error de pronunciar la palabra "apuesta". Los primeros premios oscilaban entre galletas de chocolate y horas de juego en el "Nintendo".
Un mal día, en medio de un juego de cartas, Chespi sacó, de en medio de sus ropas, un artefacto diabólico capaz de matar el alma de cualquier niño; un artefacto que todos los hombres poseen y es peligroso, lo tomó con sus manos, se levantó de la silla y lo colocó sobre las cartas; de su artefacto escurría un asqueroso liquido cristalino más oscuro que una noche sin luna, el niño no se asombró tanto porque ya había visto varios de esos pero en una escala menor cuando se bañaba con sus primos, las niñas se asustaron, pues sin saber que aquello que ocurría estaba mal, había algo en ellas que les decía que era peligroso. Chespi, con su artefacto destilando maldad, caminó a la cocina con el compás abierto; tomó la caja de galletas "oreo"-esas que no podían comer los niños porque eran las favoritas de él-, regresó a la mesa de juegos y le propuso al niño un intercambio de las galletas por un momento a solas con una de sus primas; el niño y sus primas aceptaron el trato sin temor aparente, pues no sabían lo que hacían. La primita mayor vestía un bonito y sencillo vestido amarillo con olanes blancos y pequeñas sandias dibujadas en ellos; ella fue quien, después de una discusión para ponerse de acuerdo, entraría a la cocina con Chespi mientras los otros dos comían las galletas(guardarían una parte mayor para ella cuando volviera). Chespi tomó de la mano a la pequeña niña y la metió a la cocina, sólo una puerta de malla(esas que dejan ver el interior y no permiten el paso de las moscas que puedan causar estorbo y que dejan pasar el aire para no sofocar el ambiente dentro) separaba a los primos; Chespi, con el artefacto en su mano, intento colocarlo en un orificio que la pequeña niña ocultaba bajo sus ropas, esas ropas que fueron despojadas tras un ir y venir de excusas y razones por las cuales debería probar las galletas favoritas de su viejo amigo. Los niños, asustados al ver la escena tras el telar transparente de una puerta invencible como el acero, dejaron de comer, de respirar, de vivir; pues presenciaban la más espantosa escena de sus vidas, de la cocina sólo salían gritos mudos de dolor. El niño, envuelto en un aire de valor, corrió y separó a su pequeña prima del cíclope que la torturaba; allí estaba el niño, frente al gigante de un solo ojo, con las galletas en los pies, una doncella vistiéndose a sus espaldas y una arquera que tiraba galletas cual si fuesen la muerte misma. El cíclope no hizo nada, se quedo pasmado e inmóvil ante la unión y la magia que emitían los tres jóvenes guerreros.
El niño giró su cuerpo y levantó a su prima del suelo donde yacía, la ayudó a caminar con un dolor más fuerte que el que se siente cuando ves morir a la persona que amas. La otra prima pisó las galletas, las destrozó con la inmensidad de su cuerpo, quiso borrar lo acontecido al igual que eliminaba las migajas de chocolate en el piso. Los niños caminaron y se perdieron en el horizonte dejando al cíclope desamparado, solo, y echando a arrancar su artefacto por propia mano.
Ese día los niños aprendieron algo, aprendieron que las cajas de chocolates no mienten cuando tienen la frase de "Chocolate Amargo".
Lo acontecido fue borrado de sus corazones aunque las migajas de galletas aún se ven en su actuar.
Parece interesante, creo que me quedo por aquí :)
ResponderEliminarSaludos
qué crudo, Edgar (o Fabián, tu dirás jaja)!
ResponderEliminaraún así, queda demostrado que "la familia unida, jamás será vencida".
y con respecto a lo que me decías de si rebusco en experiencias pasadas para escribir... sí, eso es lo que ocurre la mayoría de las veces xd
:)