sábado, 2 de junio de 2012

Cuando Sofía se enamoró de Sebastián


Ése joven le resultó repulsivo a la Señorita Sofía. Para cualquier otra mujer hubiera sido perfecto. Para Sofía era un conjunto de excesos y carencias. Le pareció grotesco cómo el vello  de las áxilas se le escapaba entre las rayas de su camiseta. Le incomodaba el bulto que se le formaba entre las piernas. Lo comparó en la cocina con el refrigerador, se dio cuenta, sin necesidad de acercarse; que ella, sin tacones, era cinco centímetros más alta. Una terrible idea pasó por su mente, de casarse con él, le diría adiós a los tacones de punta alta. ¿Qué será de mí? se preguntaba una y otra vez. ¿Cuán horribles serán mis hijos de terminar con este idiota?¿Acaso será capaz de darme hijos que no seanMongolos? Voy a seufrir. Todo esto me va a doler. Todo esto me va a matar. Mientras Sofía pensaba todo esto, su madre, Doña Sofía,, imaginaba al joven sin camiseta, se imaginaba besando el vello de sus áxilas, se imaginaba parada de puntas para poder besarlo, algo que siempre le pareció terriblemente dulce. 

Después de irse el joven Sebastián, Doña Sofía y la señorita Sofía lloraron toda la noche, una  por la asquerosa vida que le esperaba y la otra por no tener vida o juventud  suficiente para retosar con ése joven. "Sin dinero y vieja. Vieja y sin dinero. Mi flaca, escuata y repulsiva hija es lo único que tengo", con estas palabras Doña Sofía se obligaba a entender ése destino al que se rehusaría hasta su último aliento, ése último suspiro que diez años después daría, desnuda y en los brazos del joven Sebastián.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los mejores Aderezos son: