domingo, 30 de octubre de 2011
Oportunidad
Eran las 5:30 am. Santiago caminaba a paso lento por la acera del boulevard más transitado de la ciudad. Las zonas de poca luz eran iluminadas por momentos por los autos que, con luces altas, transitaban a esa hora. El pitar de los taxis en busca de una reacción de Santiago, el ruido de los carros viejos al pasar, y los problemas de Santiago armaban el soundtrack del momento en la cabeza del joven. El cansancio era notorio en el caminar de Santiago que ya había recorrido 7 kilometros de recuerdos que lo atorementaban. Las luces de un auto advirtieron la presencia de tres sujetos que se acercaban, Santiago, sin miedo, siguió caminando. Uno de los tres sujetos preguntó por la hora, sin nada qué perder, Santiago contestó y el otro como agradecimiento le mostró y acercó una navaja al estomago. Ellos pidieron algún tipo de ayuda mientras Santiago buscaba entre sus ropas algo que dar, desesperados por la ayuda, uno de ellos metió la mano en uno de los bolsillos, sacando sólo una credencial sin valor; al momento los tres se despidieron abruptamente gritandole toda clase de cosas. Santiago quedó inmovil por unos segundos, después estalló en llanto, no de miedo por el altercado, sino porque la navaja no atravesó su cuerpo y los problemas se hicieron escuchar nuevamente en su cabeza.
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(nowords)
ResponderEliminarCrudo.
ResponderEliminarme gusta:)
ResponderEliminarA pesar de lo triste que estaba Santiago, no creo que la navaja le hubiese hecho un favor.
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