Hoy, cuando desperté, tuve ganas de ver mis converse negros; de regresar al pasado y corregir aquel día en el que cometí uno de los peores errores en mi vida. Tuve ganas de que se hubieran roto por arte de magia aquellos tennis y así no haber podido salir de la casa.
Mañana, cuando despierte, no me preocuparé por los zapatos que estén bajo la cama; me preocuparé por que los pasos que de en el día no me hagan arrepentirme de haber despertado.
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